Notas informativas

Un verano de Grandes Incendios Forestales (GIF)

El verano de 2025 está dejando nuevamente una preocupante estampa en nuestros montes y bosques, tanto dentro como fuera de España. Los incendios forestales vuelven a ser protagonistas en países del sur de Europa, América del Norte y la cuenca mediterránea, con fuegos que avanzan con gran velocidad, intensidad y dificultad de control. En muchos casos, no se trata de incendios convencionales, sino de grandes incendios forestales (GIF), una categoría que engloba aquellos fuegos que superan las 500 hectáreas y que, por su magnitud y comportamiento extremo, requieren un gran despliegue de medios y una estrategia de gestión muy compleja. 

En este escenario, las altas temperaturas, la sequía acumulada y los fenómenos meteorológicos extremos provocados o intensificados por el cambio climático actúan como factores de riesgo. Pero reducir el problema únicamente al clima sería simplificarlo en exceso.

Detrás del fuego hay una causa estructural más silenciosa pero decisiva: el abandono progresivo del medio rural y la falta de gestión activa del paisaje. En España, la superficie forestal ha crecido notablemente en las últimas décadas, pero lo ha hecho sin planificación ni cuidados. Los antiguos mosaicos de cultivos, pastos y usos ganaderos han desaparecido en muchos lugares, dando paso a masas vegetales densas, continuas y altamente inflamables. Esta continuidad del combustible, unida a condiciones extremas, favorece la aparición de GIF: fuegos virulentos, que se propagan rápidamente y que son muy difíciles de extinguir.

No estamos ante una anomalía estacional, sino ante una tendencia estructural. Por eso, desde Tecnifuego apostamos por una estrategia nacional de prevención a largo plazo, que actúe de forma integral en tres niveles:

●    Planificación del paisaje, con creación de discontinuidades, cortafuegos naturales y usos diversificados del suelo.

●    Adaptación de edificaciones e infraestructuras en zonas de riesgo, con materiales resistentes al fuego, franjas de seguridad y sistemas de protección activa y pasiva.

●    Formación y concienciación de la población, para entender el riesgo y saber cómo actuar ante una emergencia.

A ello hay que sumar un cuarto elemento transversal: revitalizar el medio rural y apostar por la economía de proximidad, apoyando actividades agrícolas, ganaderas y forestales sostenibles. Comprar productos locales, consumir de forma responsable y fomentar la economía ligada al territorio no solo tiene beneficios sociales y ambientales, sino que también contribuye a mantener un paisaje vivo, trabajado y menos vulnerable al fuego.

Las cifras de 2024 —el mejor año en superficie quemada desde 2018— muestran que la anticipación funciona. Pero este buen dato no debe llevar a la complacencia. Las condiciones meteorológicas y el estado actual de la vegetación hacen prever que este verano siga siendo de alto riesgo en amplias zonas del país, por lo que es fundamental redoblar esfuerzos en la prevención.
Cuidar el paisaje es cuidar nuestra seguridad, bienestar y futuro como sociedad. Los incendios forestales no van a desaparecer, pero sí podemos evitar que se conviertan en catástrofes. La solución pasa por más gestión, más prevención y un mayor compromiso colectivo.

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