Notas informativas

La electrificación en campos de golf introduce nuevos riesgos de incendio

El incendio registrado este mes en el Real Club de Golf Guadalmina (Málaga), que dejó calcinada una nave de buggies y afectó a cerca de un centenar de vehículos, refleja una imagen cada vez menos excepcional en este tipo de instalaciones. Detrás de ese episodio hay un cambio que se ha ido consolidando en los últimos años. Los campos de golf han incorporado de forma progresiva vehículos eléctricos, tanto buggies como carritos, hasta convertirlos en parte esencial de su operativa. Este cambio está introduciendo nuevos escenarios de riesgo en materia de incendios, que requieren soluciones de protección específicamente diseñadas para estas tecnologías de baterías.

Uno de los factores críticos está en las propias baterías y en sus condiciones de uso. Un golpe o daño previo puede desencadenar un incendio horas después, incluso sin una causa aparente inmediata. A ello se suman otros elementos igualmente sensibles, como las conexiones a la red eléctrica, que pueden convertirse en un punto de fallo si no están correctamente instaladas o mantenidas, especialmente durante los procesos de carga nocturna sin supervisión. 

Estos riesgos se agravan cuando los vehículos se concentran en un mismo espacio. Las zonas de aparcamiento, almacenamiento y recarga reúnen decenas de equipos en espacios cerrados o semicerrados, con varios puntos de carga activos al mismo tiempo y una separación limitada entre unidades. En ese entorno, un problema en una batería puede desencadenar un incendio que se propaga con rapidez. La cercanía entre vehículos favorece la transmisión del fuego y fenómenos como la fuga térmica complica su control y extinción, ya que estos fuegos presentan una alta carga térmica y una gran dificultad para ser sofocados con medios convencionales. Lo que empieza como un incidente puntual puede escalar en pocos minutos.

En otros ámbitos, como los aparcamientos de vehículos eléctricos o determinadas instalaciones industriales, este tipo de situaciones lleva tiempo analizándose con mayor detalle. En los campos de golf, en cambio, estas áreas de almacenamiento y aparcamiento han tenido tradicionalmente un papel secundario dentro del conjunto, pese a concentrar una parte relevante del riesgo y ser un elemento crítico para la continuidad del negocio y su asegurabilidad.

Algunas medidas de prevención pueden marcar la diferencia: detección temprana conectada a una central receptora de incendios, ventilación adecuada en las zonas de carga, mayor separación entre vehículos o una organización del espacio que limite la propagación. También empiezan a incorporarse soluciones específicas, como mantas de cubrición para vehículos eléctricos, que permiten contener el incendio en su fase inicial y evitar su extensión.

La intervención en este tipo de incidentes también presenta particularidades. La presencia de baterías puede alargar los tiempos de actuación y exigir estrategias específicas, lo que refuerza la importancia de actuar en las fases iniciales. En este sentido, resulta recomendable que los servicios de bomberos conozcan previamente la ubicación y características de las zonas de aparcamiento y almacenamiento de estos vehículos, lo que puede facilitar una intervención más rápida y eficaz.

“Estamos ante un escenario que hace unos años no era habitual y que ahora empieza a repetirse. La electrificación avanza y la seguridad tiene que evolucionar al mismo ritmo”, señala Antonio Tortosa, presidente de Tecnifuego.

Lo ocurrido en Guadalmina no es un hecho aislado, sino una señal de hacia dónde están evolucionando estos riesgos. En los últimos años se han registrado incidentes de características similares en campos de golf en nuestro país, algunos de ellos en instalaciones que habían superado la inspección reglamentaria, lo que evidencia que ajustarse a los requisitos normativos no siempre es suficiente para cubrir determinados escenarios de riesgo. “Cumplir con la normativa es imprescindible, pero en determinados casos resulta insuficiente si no se fundamenta en un análisis de riesgos adaptado a la realidad de la instalación y desarrollado por una ingeniería de protección contra incendios especializada”, explica Antonio Tortosa.

Son episodios poco frecuentes, pero lo bastante representativos como para revisar el diseño y la gestión de estas instalaciones ante el avance de la electrificación.

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